COLUMNA
Caída de Tenochtitlán
Apolinar Castrejón Marino
Hay muchas cosas inexplicables en la historia de México, y algunas son comprensibles debido a que nos gusta que nos den atole con el dedo.
Años antes de que llegaran los españoles a nuestro continente, los hechiceros del emperador Moctezuma le anunciaron la llegada de hombres blancos y barbados que ocasionarían la destrucción del pueblo azteca.
Los hechiceros le dijeron que sucederían 8 presagios: la aparición de un cometa muy grande en el cielo, la aparición de una estrella fugaz que se dividiría en tres partes en el cielo, y un rayo que caería sobre el templo de Xiuhtecutli.
Además de estos fenómenos meteorológicos, se incendiaría completamente la casa de Huitzilopochtli, y a mitad del lago se vería una gran explosión de agua hirviendo, que mataría a los peces, animales y gentes que estuvieran en el agua.
De manera muy confusa, los hechiceros describieron a Moctezuma que los pescadores iban a atrapar entre sus redes a un extraño pájaro, muy parecido a las grullas, pero con la cabeza aplanada y brillante en el que se reflejarían unos hombres monstruosos abrasados sobre una especie de venados.
Otros hechiceros decían que esos hombres raros eran como dos animales pegados, y con dos cabezas. Tales visiones infundían mucho terror a Moctezuma, a pesar de que sus generales le decían muy enojados: “¿Por qué tienes miedo? solamente danos la orden para luchar, y acabaremos con los invasores de dos cabezas”.
México-Tenochtiltan era una de las ciudades más avanzadas de la mesa central de este continente, formada por grandes construcciones: casas y edificios públicos, templos y grandes avenidas y un excelente sistema de canales y puentes.
Tenía más de 16 millones de habitantes, era un gran centro de comercio, y contaba con el ejército más grande y valiente, que dominó gran parte de la región. Su riqueza crecía aceleradamente, gracias a los tributos que cobraba a los pueblos circunvecinos, a los que había derrotado y estaban sometidos a su dominio.
Su riqueza era contante y sonante, acumulada en oro. Aunque no era un metal muy codiciado, los aztecas lo utilizaban por sus características de maleabilidad y de no oxidarse. Se supone que lo obtenían fácilmente a raíz del suelo, pues no se conocen actividades mineras.
Pero para los españoles, el oro despertó su ambición, y su atrevimiento llegó a extremos de vileza, barbaridad y traición, como secuestrar a Moctezuma, y asesinar a los habitantes, hombres, mujeres y niños.
Otra circunstancia que favoreció la derrota del imperio mexica, fue el odio de los demás pueblos indígenas cercanos al Valle del Anahuac, principalmente los tlaxcaltecas a quienes habían humillado y ofendido.
Los aztecas superaban en número a las tropas españolas, y los invasores contaban con la fuerza de los caballos y las armas de fuego. Los guerreros aztecas eran particularmente valientes y fuertes, y en muchas ocasiones derrotaron a las patrullas españolas.
Los españoles que eran capturados con vida, eran sacrificados en lo alto de los templos y luego sus cadáveres eran arrojados por las escalinatas. Sus caballos también eran destazados cruelmente, para infundir miedo en sus compañeros.
Pero ¿Qué podían hacer los guerreros para detener el avance de los españoles, si el emperador temblaba de miedo? Para complicar más la situación, las enfermedades que traían los españoles, vencieron fácilmente las defensas orgánicas de los aztecas. Moctezuma murió de viruela, y muchos guerreros terminaron igual.
Cuitlahuac tomó el mando, pero también murió de una grave infección, a los 15 días de haber sido nombrado jefe supremo de los aztecas. Le siguió en el mando Cuauhtémoc, pero cuando ya las fuerzas guerreras estaban muy agotadas.
Poco puedo hacer el último emperador, cuyo nombre significa “Águila que desciende”, y el día 21 de agosto de 1521 fue hecho prisionero.
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